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En Madrid, dado que el clima de violencia iba en aumento, al igual que los rumores de un golpe militar, los amigos de García Lorca le habían recomendado que huyera a Portugal y, al parecer, las embajadas de México y Colombia le habían ofrecido asilo. El poeta sin embargo prefirió irse a Granada con su familia.


El 13 de Julio de 1936, el mismo día del asesinato de José Calvo Sotelo, Federico decidió abandonar Madrid, en el tren nocturno, y marcharse a Granada a celebrar, en la Huerta de San Vicente, su onomástica y la de su padre como era costumbre en la familia. Llegó a Granada en la madrugada del 14 de julio.


El periódico granadino “El Defensor de Granada” , recoge en la portada del diario, correspondiente al miércoles, 15 de Julio, la noticia: “Se encuentra en Granada, desde ayer, el poeta granadino don Federico García Lorca. El ilustre autor de “Bodas de sangre” se propone pasar una breve temporada con sus familiares”.


Granada entera, desde ese momento, supo de la presencia del poeta en la ciudad.


Durante las primeras horas de la revuelta, el 20 de julio, el cuñado de Federico, Manuel Fernández-Montesinos, marido de su hermana Concha y alcalde de la ciudad, fue detenido por los sublevados en el salón de actos del Ayuntamiento, junto con otros concejales y militantes socialistas.


Tres asaltos se registraron en la Huerta de San Vicente, en el mes de agosto de 1936, por parte de partidarios de los sublevados:


  • El primero, el día 6, con el pretexto de buscar una emisora de radio clandestina. Ejercieron violencia verbal contra los presentes y registros violentos de las dependencias y habitaciones de la Huerta.
  • El 9 de agosto, se presenta un grupo armado de voluntarios, que en su mayor parte procedían de Asquerosa (luego Valderrubio) y Pinos Puente, al mando de un sargento retirado de la Guardia Civil. Buscaban al casero de la finca, Gabriel Perea Ruiz, al que maniataron y maltrataron, para que confesara el paradero de sus hermanos, acusados de haber matado el 20 de julio, en Asquerosa, a Daniel y José Linares, familiares del alcalde franquista. Entre los pistoleros estaban los hermanos Horacio y Miguel Roldán, dos terratenientes cuya familia habían perdido varios pleitos, en los años veinte, contra don Federico por una propiedad. García Lorca, recibe también los malos tratos de los voluntarios, que lo empujan, lo tiran al suelo y lo golpean con la culata de los fusiles.
  • Hubo un tercer registro, el 15 de agosto, ya con Lorca ausente. Tal vez con la intención de detener al poeta.

Con la detención de su cuñado y los asaltos anteriormente mencionados, la familia García Lorca calibró lo peligroso que sería, para Federico, quedarse en la Huerta de San Vicente. Federico sopesó, con su familia, varias alternativas:
1. Intentar llegar a la zona republicana.

2. Instalarse en casa de su amigo Manuel de Falla, cuyo renombre internacional parecía ofrecerlo protección.

3. Alojarse en casa de la familia Rosales, en el centro de la ciudad.


Esta última opción fue la que escogió Lorca, pues tenía una relación de confianza con dos de los hermanos del poeta Luis Rosales, que eran destacados dirigentes falangistas: Miguel Rosales y José Rosales “Pepiniqui”. Lorca pensó que, en Granada, sería el lugar más seguro para él. La noche del 9 de agosto, el chófer de la familia lo traslada a la casa de los Rosales en el centro de la ciudad.

Sin embargo, la tarde del 16 de agosto, un grupo dirigido por el exdiputado de la CEDA, y derechista fanático, Ramón Ruiz Alonso, (que sentía un profundo odio por Fernando de los Ríos y por el poeta mismo), se presentó en la casa de la familia Rosales acompañado de, el abogado derechista y terrateniente de Santa Fe, Juan Luis Trescastro, del falangista Federico Martín Lagos y de otros facciosos, y lo detuvo.


Ruiz Alonso se lo lleva detenido en el coche de Trescastro, trasladándolo al Gobierno Civil de Granada, donde quedó bajo la custodia del gobernador, el comandante José Valdés Guzmán. Los cargos presentados se basaban en la denuncia firmada por Ruiz Alonso, en la cual lo acusa de “ser espía ruso, secretario de Fernando de los Ríos, homosexual y de haber hecho más daño con la pluma que otros con las pistolas”.


Durante el tiempo que permanece Lorca en las dependencias gubernativas, Ruiz Alonso tiene varios amagos de enfrentamiento con Luis y José Rosales, que habían acudido a pedir explicaciones por la detención y a exigir su puesta en libertad. Fueron infructuosos los varios intentos de salvar al poeta por parte de los Rosales y, más tarde, por Manuel de Falla.


Según Gibson, “hay indicios de que, antes de dar la orden de matar a Lorca, Valdés se puso en contacto con el general Queipo de Llano, jefe supremo de los sublevados de Andalucía”, quien respondió con una frase cifrada: “Dele café, mucho café”. Sea como fuere, el poeta fue llevado al pueblo de Víznar junto con otros detenidos.