Fue inaugurado en 1986 por la Diputación de Granada para rendir homenaje al poeta en el lugar donde cayó asesinado junto a sus tres compañeros de ejecución, (los banderilleros Francisco Galadí y Juan Arcoyas, y el maestro de Pulianas Dióscoro Galindo), y para recordar a todas las personas fusiladas en una amplia franja de terreno que va desde Alfacar a Víznar, ahora señalizada como Lugar de Memoria Histórica.
El parque está situado en la parte alta del pueblo, junto a la Fuente Grande. Con la adquisición de los terrenos, la Diputación quería también evitar la especulación inmobiliaria y la edificación futura.
A la entrada del parque, en el lugar donde se presumía que estaban los cuerpos, junto a un viejo olivo convertido en símbolo de la represión, se colocó un monolito de piedra con la siguiente leyenda: “A la memoria de Federico García Lorca y de todas las víctimas de la Guerra Civil”. Cada año, en torno al 19 de agosto, se conmemora el asesinato de Lorca con un acto al aire libre en el que han intervenido, desde 1986, personalidades como Rafael Alberti, Francisco Rabal, Gabriel Celaya o Lola Gaos, entre otros.
Para delimitar el perímetro y construir el parque en el lugar de enterramiento, se creó en 1979 una comisión de expertos que debían precisar el sitio exacto de la fosa. La comisión, a pesar de albergar “dudas razonables”, se decantó por el entorno donde está situado el olivo identificado por Agustín Penón e Ian Gibson.
Sus integrantes fueron elegidos entre los investigadores y testigos que habían manifestado su opinión antes en libros o periódicos. Estuvo formada por nueve personas, el hispanista Ian Gibson, autor de La represión nacionalista de Granada en 1936 y la muerte de Federico García Lorca(1971); el investigador José Luis Vila-San-Juan, autor del estudio García Lorca asesinado: toda la verdad (1975); los periodistas Eduardo Castro y Antonio Ramos Espejo; Ángeles González Sáenz y Fernando Molina, viuda e hijo del periodista Eduardo Molina Fajardo, autor de Los últimos días de García Lorca (1983); el funcionario de diputación José Roldán Cobos quien entre el 19 y el 20 de agosto de 1936 había sido destinado al sector de Víznar; José Contreras Hita, capataz de la reforestación de la zona, y María Luisa Illescas, antigua vecina de Víznar.
Los integrantes de la comisión defendieron diferentes alternativas, aunque la que obtuvo más respaldo fue la propuesta por Ian Gibson, que coincidía con la del hispanista Agustín Penón, que entre 1955 y 1956 investigó en Granada las circunstancias de la muerte del poeta.
También María Luisa Illescas respaldó esa tesis y aportó una foto del lugar, que ella conocía gracias a los testimonios de seis integrantes de las escuadras negras, (los grupos de asesinos al mando del comandante José Valdés, gobernador civil de Granada en los comienzos de la sublevación), que en 1936 se habían alojado en la vivienda de un tío suyo en Víznar.
La tesis del olivar había sido sugerida por otras personas en los años inmediatamente posteriores al fusilamiento, como el poeta Joaquín Romero Murube, que estuvo en Víznar en 1936 y al parecer encontró informantes que señalaron el entorno del manantial de Aynadamar.
Las primeras excavaciones, para localizar a Lorca y sus compañeros de ejecución, realizadas entre noviembre y diciembre de 2009, con el respaldo de la Junta de Andalucía, fueron desalentadoras. Alrededor del olivo no aparecieron restos humanos ni indicios de enterramientos, dada la fina capa de tierra que cubre la roca base. Sin embargo, junto al olivo, transformado en símbolo de la represión, sigue celebrándose anualmente los homenajes iniciados en 1986.