Skip to main content

A unos cientos de metros pasado el Barranco de Víznar, a la derecha y en dirección a Alfacar, frente al Cortijo Las Pepinas, la única construcción existente en ese lado de la carretera, se localizan los Llanos de Corbera, el campo de instrucción y tiro de las tropas del sector de Víznar al comienzo de la sublevación de 1936, y sobre ellos el Peñón del Colorado, que de estos dos modos ha sido identificada la zona.


Allí, en un lugar no precisado, y según varios investigadores y testigos, fueron ejecutados y enterrados Federico García Lorca y sus compañeros de pelotón, la madrugada del 17 o 18 de agosto de 1936.


La tesis de los Llanos de Corbera ha sido respaldada, por dos prohombres vinculados, directa o familiarmente, con el partido de Primo de Rivera (La Falange), en sendos libros: “Los últimos días de García Lorca” de 1973, del periodista Eduardo Molina Fajardo, (director del diario Patria de Granada, adscrito a la llamada Prensa del Movimiento), y en las “Memorias del general Nestares”, del general Fernando Nestares García-Trevijano, en el que aparecen confidencias de su padre, el capitán José María Nestares, sobre estos hechos, décadas después de la muerte de este.


Ambos testimonios coinciden en exculpar a Falange y en echar sobre la CEDA, (Confederación Autónomas de Derechas Españolas, el partido de Ramón Ruiz Alonso, la persona que detuvo a Federico), la responsabilidad del fusilamiento de García Lorca.


Según los diversos testimonios reunidos en ambos libros, Lorca llegó a Viznar “con su propio piquete de fusilamiento”, lo que da pie a la subsiguiente afirmación de un tal Pedro Cuesta, alcalde de Pulianas, y colaborador de Nestares: “No, allí no hubo falangista alguno. Allí fueron los guardias de asalto y aquellos extraños hombres que llegaron, que se comentaban que eran de la CEDA y sobre quienes formaron el piquete (…). Los mismos que se lo llevaron”. Nestares transmitió a su hijo que Lorca fue fusilado el día 18 de agosto pues esa jornada “salió muy temprano de Víznar para llevar a cabo una operación en el Cerro de los Pollos, y recorriendo el camino de Víznar-Alfacar, y cercano al campo de instrucción, casi enfrente del cortijo El Pepino, tuvo la oportunidad de ver cómo se estaban llevando los trabajos de enterramiento”.


La teoría expuesta por ambos fue asumida también a grandes rasgos por el investigador Miguel Caballero, promotor de las dos últimas búsquedas del cuerpo de Lorca en la zona de los Llanos de Corbera y autor de “Las últimas trece horas de García Lorca”.

Según la teoría de Caballero, los cadáveres fueron enterrados en unos antiguos pozos de agua en la zona de entrenamiento militar. Las dos excavaciones respaldadas por él, en 2014 y 2016, no arrojaron ningún resultado.


El escritor e investigador Gabriel Pozo Felguera, autor del libro “Lorca, el último paseo” (2.009), asegura que 3 falangistas y 1 policía de la guardia del comandante Valdés, dejaron escritas, unas coordenadas exactas y un croquis de la ubicación de la fosa de Federico, “… situada en el extremo occidental del campo de instrucción de la tropa, en los Llanos de Corbera, a escasos metros del olivar y en perpendicular al cortijo de Las Pepina.”.


El intento fallido de construir en los Llanos de Corbera, en 2008, un campo de fútbol, a un kilómetro del Barranco de Víznar, donde fueron asesinadas miles de personas, sólo sirvió para remover toneladas de tierra y piedras y alterar para siempre una gran lengua de tierra limítrofe con Víznar.


La Agencia del Medio Ambiente, de la Junta de Andalucía, cedió los terrenos; el Ayuntamiento de Alfacar promovió la intervención; las Consejerías de Obras Públicas y Medio Ambiente respaldaron la obra y, en fin, el Área de Bienestar Social de la Diputación financió un tercio de la operación. El equipo de fútbol de Alfacar jugaba entonces en primera regional.


La intervención de Isabel García Lorca, que escribió personalmente al presidente de la Junta y al arzobispo de Granada, exigiendo el fin de la obra, consiguió frenar el despropósito promovido y financiado por todas las instituciones mencionadas, si bien la zona no volvió a recuperar nunca su aspecto original.